viernes 6 de enero de 2012

La historia fantástica de un día cualquiera de una pasión...


Hoy voy a actualizar con una pequeña historia que le escribí a mi amiga Hizquierdo. Ella es...como diría...como un duendecillo que aparece siempre que lo necesito :D
Gracias por estar siempre ahí y por regalarme esa ilustración que hizo despertar mi inspiración.

La encontró en una caja de juguetes viejos, que la pequeña Irene había dejado junto al contenedor. Ya no quería jugar más con la muñeca de ojos verdes, se había aburrido de ella.

Estaba muy descuidada, su vestido parecía sucio, le faltaba un zapato, su pelo estaba enmarañado y su piel de porcelana tenía pequeñas manchas. No tenía un buen aspecto, pero a ella eso no le importaba, con más razón la repararía y se la llevó a su taller.

- Veamos qué puedo hacer por ti muñequita - le dijo

En su taller guardaba todos sus juguetes que restauraba. Les cuidaba y reparaba con mucha dedicación. Había noches que se las pasaba allí. Más que una afición era una devoción, le llenaba de satisfacción y alegría cada vez que “daba vida” a sus muñecos.

Todos eran hermanos, lo compartían todo. Uno le prestaba su sombrero al que no tenía, si una muñeca tenía dos pulseras le ponía una a la que no tenía, los botones, chaquetas o guantes.

Aquella tarde que la encontró, no la reparó, quería pensar cómo haría para que sus ojos brillasen otra vez. Sería un duro trabajo ya que la habían dejado destrozada, pero sabía que lo conseguiría.

La sentó junto a la marioneta del circo que estaba construyendo. Cuando se fue apagó la luz y cerró la puerta. Al cabo de un rato luces de colores se encendieron como si de un espectáculo se tratase.

- ¡Atención! ¡Atención! – dijo la marioneta levantándose con dificultad y colocando sus piernas en posición recta para sostenerse de pie. - Hoy ha llegado alguien nuevo –
- ¡Hola! ¿Cómo te llamas? – le preguntó mirándole con curiosidad.
Ella se levantó torpemente, sus piernas estaban un poco dormidas y rígidas de tanto tiempo sin levantarse y le contestó:
- No sé, nunca me pusieron un nombre, Irene la niña con quien jugaba me llamaba Muñequita.
- Entonces así te llamaremos. Yo soy Hugo la marioneta y estos son mis amigos.

Le fue presentando a cada uno de ellos. Había todo tipo de juguetes: el oso amoroso, el tren Cascarrabias, la rana Saltarina, el payaso Narizotas, el mago Merlín, la bruja Majara, el hada Bela, el duende del mar, …

Vivían en una ciudad de cuento que le había construido María. Había casas de caramelo y algodón de azúcar, casas de muñecas con sus jardines de rosas blancas y rojas, un tren de vapor recorría bordeándola, también las brujas tenían sus propias viviendas de las cuales salía humo de sus chimeneas mientras preparaban sus pócimas en las ollas. Los duendes, gnomos y hadas vivían en el bosque, escondidos entre sus árboles frondosos y densa vegetación. Un lago se hallaba en el medio, en el que vivían las ninfas y las ranas y las cigarras cantaban su serenata.
Todos y cada uno de ellos eran únicos e importantes. Cada uno tenía una función en aquella gran familia.

- Sé que acabas de llegar, pero si quieres puedes participar en la función que vamos a realizar. Es una sorpresa que vamos a hacer a María, ¿Qué sabes hacer?
- Bailar - le respondió Muñequita – pero…hace mucho que no bailo y no sé si sabré hacerlo bien.
- No te preocupes, puedes ensayar cada noche y cuando estés preparada nos avisas.

Estuvieron, como cada noche, ensayando sus funciones y perfeccionando cada detalle. Con la luz del día todos se fueron a sus puestos a dormir ya que su dueña regresaría.
A María le llevó unos días restaurar a Muñequita. Le arregló su vestido, le quitó cada mancha de su piel dejándola blanca y reluciente, le puso algunas pestañas que le faltaban le pintó de rojo los labios y el colorete sonrosado, le buscó unos zapatos nuevos y medias de perlé, le puso un collar y finalmente hizo que sus ojos brillasen de nuevo.

¡Ya estaba lista!

Aquella noche la marioneta le pidió que le mostrara como bailaba, ya que siempre se iba a bailar sola a su rincón y nunca la habían visto.
El caballero de esmoquin negro empezó a tocar la canción que ella le dijo en el piano de cola que había en la esquina de la pista.
Muñequita salió al escenario y con una reverencia empezó a bailar. Había sido bailarina de ballet en su niñez y nunca había olvidado de la enseñanza. Se notaba en sus pasos, en su cuerpo erguido y piernas firmes. Se movía con ligereza y elegancia. En cada vuelta su vestido volaba en campana y sus manos se movían ágiles como el viento.
Les cautivó a todos y al terminar aplaudieron con furor. Ella se sintió alagada y sonrió como había tiempo que no lo hacía.
- ¡Espléndida! – exclamó la marioneta – mañana será en gran día, así que dormiremos por la noche y al amanecer nos prepararemos para la sorpresa.

Al día siguiente, cuando María entró por la puerta. El escenario se iluminó y el oso amoroso la cogió de la mano sentándola en un sillón.
La marioneta salió al escenario haciendo claqué y presentó el espectáculo. Después entró en escena la bruja Majara realizando una actuación de acrobacias con su escoba mágica y dejando tras de sí un humo brillante. A continuación el duende del mar con sus dulces palabras le mostró aquel mágico mundo de donde provenía mediante una pequeña historia. El hada Bela y el Mago Merlín representaron un show de magia y color…y así fueron pasando todos los personajes hasta que Muñequita cerró el espectáculo con su actuación.

María estaba entusiasmada, rebosaba de alegría al ver aquella maravilla que le habían organizado sus muñecos. No podía creer lo que sus ojos habían visto. ¡Sus muñecos habían cobrado vida! Fue el mejor regalo que había recibido en mucho tiempo.









Autora foto: Hizquierdo

2 comentarios:

  1. Lo has clavado Nesy...magnífico relato. Si es que cuando te lo propones sacas de tu interior todo ese arte que llevas dentro. Sigue así "brujiña" sigue que todos nos felicitamos de volver a leerte.
    Un beso.

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  2. Un relato muy bonito, lleno de ternura. Es un placer leerte.
    Un saludo.

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