viernes 16 de diciembre de 2011

El astronauta


Se despertó en medio de un gran cráter, ataviado con un traje de astronauta. No se lo podía creer…había cumplido su sueño de la infancia, ¡ser astronauta! Con ímpetu se levantó de un golpe y se colocó su casco. El traje le quedaba un poco justo, sobre todo a la altura de la entrepierna, él y su amiguito tenían problemas de espacio, sobre todo al dar los primeros pasos, hasta que el cuerpo se acomodó y su buque insignia encuentró su sitio. Después de unos minutos de ajuste del equipo podía andar perfectamente, sin que le tirara demasiado.

Ya estaba listo para empezar su búsqueda, ¿qué hacía allí? ¿Qué iba a encontrar? La intriga le superaba y un escalofrío recorrió su cuerpo.

Caminó primero lentamente, como cuando Neil A. Armstrong pisó por primera vez la luna, le hacía gracia imitarlo. Se estaba adaptando poco a poco, escenificaba la escena a la perfección.

Como buen amante del riesgo comenzó su misión. Se dirigió hacia una colina verde, era de un verde intenso, tras ella se veía una luz intensa. Una música misteriosa sonaba en el ambiente, como psicodélica e intrigante, otorgándole un toque místico.

Al otro lado del montículo se extendía un inmenso prado, con flores blancas y rojas, y en el medio un gran lago. Un olor embriagador llegó a sus pulmones, le resultaba familiar esa ese aroma…marisco de la tierra, quizás, quizás… Pero no fue eso lo que captó su atención...sino algo extraordinariamente increíble para él, estaba en un paraíso surrealista y terrenal a la vez… ¡vaya si era terrenal!

Una corriente recorrió su cuerpo, sintió un chasquido entre los huesos, la emisión de un impulso eléctrico hacia sus más despiertos instintos. El traje comenzó a hincharse, debía ser rápido o no podría andar, mucho menos correr.

Un grupo de mujeres desnudas corrían por aquel prado, con sus encantos moviéndose de arriba abajo. Morenas, rubias, pelirrojas, un sinfín de bellezas que sus ojos no podía abarcar. Ellas correteaban contoneando sus caderas al ritmo que sus pechos se movían de un lado a otro al son del ritin tin. Dos mujeres se debatían en una lucha carnal encarnizada, retozándose, mezclándose entre el fango de manera extremadamente sensual, mostrando el más puro instinto salvaje femenino. Estaba fascinado admirando y contemplando aquel templo de la juventud y el erotismo. Ellas le sonreían con cara pícara y le guiñaban el ojo para provocarle, con un dedo le hacían un gesto de “ven”, invitándole a que se uniera a su fiesta.

¿Con cuál se quedaba?

¡Con todas!

Entró en un estado de éxtasis difícil de describir, su amiguito se erguió como un soldado en el frente, preparado para la batalla. No se lo pensó dos veces, se lanzó a correr entre la yerba, rápido como un galgo, ágil como una gacela, ansioso como un niño que se abalanza sobre los regalos de navidad. Y cuando llegó a ellas escuchó una voz del más allá… ¡Arriba dormilón! ¡Que llegamos tarde! …alguien le había despertado, ¡era un sueño!





Autor cuadro: William McGregor Paxton, Título: Nausicaa

2 comentarios:

  1. Este fue un regalo de cumpleaños que hice :p

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  2. Tus regalos solo son dignos de quién los merece. El verlo aquí es cómo si nos lo regalaras a todos los que te visitamos. Por ello te digo ¡¡Gracias por el regalo!!
    Besos Nesy y adelante en la vida, tendrás tu recompensa.
    Un beso loca.

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