
Toda la tripulación salió del barco y se esparcieron por el pueblo. La verdad, que eran realmente peculiares. Había malabaristas, juglares, trovadores, un arlequín, un mago, un caballero de la edad media, una bailarina con tutú rosa, un payaso, un mimo,…parecían sacados de un cuento. No entendía cómo podían navegar con eses atuendos.
La capitana fue la última en abandonar el barco. Andaba con paso tranquilo y mirada serena. Se paró junto a la chica y se le quedó observando. Ella se sintió intimidada.
- Buenos días doncella – le dijo con cara pensativa la capitana.
- Buenos días señora -
- ¿Qué haces aquí sentada?
- Tejo una red mientras contemplo y escucho el mar-
- Un buen pasatiempo,… ¿y qué te dice?
- El mar tiene muchos secretos que contar. Si escuchas con atención descubrirás fascinantes historias –
- ¡ajá! ¡Eso es un don! –
- ¿Don? ¿Qué don? Solo soy una muchacha que le gusta el mar-
- El don de descrifrar el mar, eso solo lo hacen los grandes soñadores. Los que se enamoran del mar.
- Jeje, se puede decir que sí estoy namorada del mar, me gusta mucho pero nunca he salido a navegar- dijo tristemente
- ¿Por qué no?
- Porque no me aceptarían como tripulante –
- ¡Ja! pues yo sí, todos son bienvenidos a mi barco, solo pongo una condición, que no todo el mundo la es capaz de cumplir –
- ¿Cuál?
- Pues que sepan soñar más allá de su imaginación, que sean capaces de volar, me tienen que demostrar que tienen un don, el don de la fantasía de poderse transportar a otra realidad, él de hacerte sentir que no existen los problemas, solo la ilusión de reinventarse en los personajes que te propongas.
- ¿Cómo lo hacen?
- Cada uno tiene unas cualidades, pero todos son escritores, unos escriben con la música, otros construyen ilusión con sus mano mediante la magia, otros bailando, otros pintando, otros con su pluma, pero todos me cuentan historias fantásticas, ¿tú te atreverías a escribir?
- Yo…no soy escritora- dijo tristemente la joven al ver que se le escapaba la oportunidad de poder viajar con ellos.
- ¡Vaya! Se habrá equivocado…qué raro, no suele hacerlo – dijo pensativamente la capitana.
- ¿Cómo?
- Si…es que sabe leer la mirada de las personas, es un fantástico contador de historias, ¡su imaginación no tiene límites! ¡uno de mis mejores escritores, sin duda!–
- Ems…¿el pirata?
- Sí ese jovenzuelo pícaro que se te quedó mirando antes-
- Yo sé contar historias, me gusta volar con la imaginación, pero no soy escritora –
- ¿y te gustaría intentarlo?
- Si…pero no te aseguro que te vayan a gustar mis historias, a veces son demasiado alocadas otras románticas, otras describen la vida misma…
- Hacemos una cosa, dentro de dos días zarparemos otra vez, me traerás una de tus historias escritas y si me gusta, vendrás con nosotros, ¿quieres?
- ¡Me encantaría! – la chica aceptó el reto y se fue corriendo a su casa.
Durante la noche escribió el sueño que había tenido la noche anterior con un pirata. A los dos días se presentó allí con su escrito junto al barco.
- ¡veo que has decidido venir, veamos que me traes aquí –
La mujer leyó con atención aquella historia y con una amplia sonrisa le dijo:
- ¡Bienvenida al barco de los sueños!
Fotografía: Sergio Gallego Pérez
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