
Contra viento y marea navegaba rumbo al oeste el barco Estrella Polar al mando de la capitana Wersemei. El temporal no cesaba, el barco se movía a su merced, bailaba en medio de aquella pista al son de las aguas del Océano Atlántico. Llevaba días navegando desde el Pacífico. Su tripulación deseaba llegar a tierra, se merecían un descanso después de la larga travesía.
- ¡Venga grumetes! ¡No desistáis ahora! –
- ¡Tierraaaaaaaaaaaaa! – gritó un marinero desde la cofa.
El mar era bravo, sus aguas turbulentas, parecía que en cuestión de segundos se iba a engullir aquel barco. Según se fue acercando a la costa, el cielo esclarecía por momentos y los rayos de Sol se filtraban entre las nubes reflejando en la cubierta.
El mar amainó su fuerza hasta convertirse en aguas mansas. Se abrieron paso entre las bateas de mejillones y atracaron en un muelle en dónde había pequeñas embarcaciones pesqueras a punto de salir a faenar. Era una mañana fría y soleada. La bruma se iba disipando poco a poco. Las gaviotas picoteaban en las redes buscando algún alimento.
Una joven se hallaba sentada en un cabo que afianzaba una pequeña barca. Tenía perdida la mirada en el mar, tejía una red. El barco recién llegado captó su atención. Sus tripulantes eran raros, misteriosos, vestían de lo más variopinto, pero lo que más le sorprendió es que estaba al mando una mujer.
Era su sueño, el poder navegar en un barco así, pero por aquel entonces, las mujeres no salían a faenar y mucho menos tenían su propio barco.
La mujer tenía un aire misterioso, llevaba puesto una falda larga ocre, una camisa de lino y un chaleco marrón. El pelo lo llevaba recogido con una cinta de la que colgaba una pluma. Ordenaba a su tripulación con total desenvoltura e imponiendo su autoridad, pero estos no se sentían subordinados sino unos compañeros más de viaje.
Hubo uno de los tripulantes que le llamó especialmente la atención. Vestía unos pantalones negros, botas de cuero negras, camisa de lino, chaleco negro, una pañoleta roja en la cabeza, y portaba un gran sable. ¡Era un pirata!
Tenía una mirada penetrante y misteriosa. Parecía como si estuviera leyendo a las personas. Saltó del barco con tal gracia que la chica sonrió. Andaba con aires de galán, con caminar resuelto y elegante.
- Buenos días Madame – le dijo a la joven con una sonrisa pícara. Se quedó viéndole a los ojos como descifrando que era lo que pensaba la chica.
- Buenos días señor – le respondió ella con timidez.
- ¿Sabe usted dónde puedo encontrar alguna cantina por aquí?
- Si claro, ahí mismo pasando esas dos casas hay una –
- Muchas gracias Madame, que tenga una buena mañana, nos veremos pronto – y con esto se fue sin más.
- ¡En dos días zarpamos! – anunció la capitana
- ¡Sí, mi capitana! ¡Creo que la he encontrado! – le respondió él y siguió su camino.
¿Qué había encontrado?
...continuará
Fotografía: Sergio Gallego Pérez
Preciosa fotografía, bella narración de piratas
ResponderSuprimir...a la espera quedamos de saber que es lo que ha encontrado.
Felicitaciones, me ha gustado mucho esta entrada.
Aprovecho para agradecerte tu visita a mi -vuestro- blog de Diseño Gráfico y seguirlo. Es todo un placer.
Cordial saludo y buen Domingo.
Ramón
Me da a mi que esa aventura va a ser de lo más "movidita, especial y maravillosa"..con una tripulación cómo la que nos muestras....jajaja
ResponderSuprimirBesossss.